viernes, 2 de mayo de 2008

El sentido común y las lenguas romances

La Ciencia sin sentido común deja de ser ciencia, y sobre todo si estamos en tema de una ciencia social como la lingüística. No es discutible que lenguas romances, románicas o neolatinas, son una familia indoeuropea de lenguas relacionadas entre sí y que “históricamente” aparecieron como evolución del latín vulgar hablado por el pueblo, lengua de la calle.

Otra afirmación indiscutible: la evolución fonética natural de las lenguas, inclusive la latina, explica las diferencias importantes entre algunas lenguas romances, dado el “tamaño” del Imperio romano y la ausencia de una norma gramatical y literaria única. Más claro, cada territorio del Imperio tuvo “latines vulgares” que inclinaron sus preferencias dispares: aragonés, catalán, valenciano, italiano, portugués, rumano… prefirieron “casa”; el francés prefirió “maison”; y el sardo, “domus”. ¡Pues, qué bien! Imaginemos, para llegar a nuestra lengua valenciana (y la mallorquina) sin despreciar otros flecos importantes (rumano y sardo, romanche, ladino y friulano), que al dar la vuelta al “arco”, los romanos se encuentran con unos pueblos que “hablan” sus propias lenguas, porque no son mudos: la lengua occitana, lengua de oc (sucesivamente languedociano, provenzal, auvernés, lemosín y vivaro-alpin), la lengua hablada en Cataluña, Aragón, Castilla y Valencia, que aún no tiene nombre, que puede ser parecida, para entenderse, pero que es diferente, con importante sustrato ibérico.

No puede ni debe olvidarse que durante la romanización desconocemos influencias godas y árabes. Tampoco, que durante esos seis siglos, ningún científico moderno de la lengua catalana se atreve a decir que el romance catalán primaba sobre los demás y que nos llegó a los valencianos, que seguíamos “hablando” como Dios y el latín nos daban a entender.
Los sustratos, a partir de ese momento, como antes, siguieron jugando un importante papel en la diferenciación de las lenguas romances, según los pueblos que sucesivamente se fueron implantando en sus territorios respectivos sin conseguir imponer su lengua, que sí pudo dejar y dejó trazas importantes. Así los godos-visigodos y los árabes. Se dice, y no lo he comprobado, que unas 4.000 palabras del árabe han pasado al castellano, y pienso que también al valenciano. Anoten la conservación o supresión del artículo: al-quun=algodón=cotó; al harubah=algarroba=garrofa; al diwan=aduana=duana.
Sin hacer tabla rasa, demos un salto de otros seis siglos, para plantarnos en 1238 (o Mallorca en 1229). La teoría de que los repobladores catalanes nos enseñaron el catalán, ha sido respondida con ironía de que en Valencia (o en Mallorca) no eran mudos; pero no es que por accidente fueran mudos en el siglo XIII, es que llevaban muchos siglos “hablando”. Decir que el “romance catalán” es la madre del “romance valenciano”, no pasa de ser una injusticia histórica hacia tantos valencianos moros-cristianos que hablaban su “romance”, como los aragoneses el suyo, los castellanos el suyo, los navarros el suyo, y por supuesto… los catalanes el suyo. Cada cual el suyo sin la más mínima imposición, ni obligatoriedad.
Quizá sería de sentido común, al menos relativo, decir: que los romanos antes de llegar a Cataluña, pasaron por Occitania; que los catalanes nunca enseñaron a los occitanos su lengua occitana; y que podría ser que los occitanos enseñaran la suya a los catalanes. Pero tal afirmación es tan absurda como la de teorizar que los valencianos hablamos catalán gracias a los repobladores catalanes. Y es absurda porque también nos repoblaron aragoneses, occitanos, navarros, castellanos y otros extranjeros. Seguiré.

Vicente L. Simó Santonja


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